¿Qué hacer ante una vaginitis leve?
La vaginitis leve es una afección frecuente caracterizada por inflamación de la mucosa vaginal, generalmente acompañada de síntomas discretos como picor leve, secreción blanquecina o transparente sin
La vaginitis leve es una afección frecuente caracterizada por inflamación de la mucosa vaginal, generalmente acompañada de síntomas discretos como picor leve, secreción blanquecina o transparente sin olor desagradable, y eventual sensación de ardor o molestia durante la micción. No siempre implica infección: puede originarse por alteraciones del microbioma vaginal, cambios hormonales (como en el perimenopausia), irritación por productos de higiene, o desequilibrios del pH vaginal.
Antes de iniciar cualquier manejo, es fundamental descartar causas infecciosas —como la vaginosis bacteriana, la candidiasis vulvovaginal o la tricomoniasis— mediante evaluación clínica y, si corresponde, análisis de secreción vaginal (citología, test de pH, examen microscópico con KOH o cultivo). El diagnóstico diferencial es clave, ya que el tratamiento varía sustancialmente según la etiología.
En casos no infecciosos y de intensidad mínima, las medidas conservadoras suelen ser suficientes: evitar duchas vaginales, jabones perfumados y productos íntimos con fragancias; usar ropa interior de algodón y evitar prendas ajustadas; mantener una higiene externa suave con agua tibia y limpiadores sin jabón ni alcalinidad elevada. En algunas mujeres, la suplementación con probióticos orales o vaginales (con cepas específicas como Lactobacillus rhamnosus GR-1 y L. reuteri RC-14) puede contribuir a la restauración del equilibrio microbiano, aunque su uso debe individualizarse y no sustituye el tratamiento específico cuando existe infección confirmada.
Si los síntomas persisten más de cinco días, empeoran o se acompañan de secreción fétida, prurito intenso, edema vulvar o dispareunia, es indispensable consultar a un ginecólogo. El abordaje terapéutico debe ser guiado por evidencia y adaptado al perfil clínico de la paciente, evitando el automedicamento, especialmente con antifúngicos o antibióticos de amplio espectro, que pueden favorecer resistencias o recurrencias.